Aquí no fue que el jinete se cayó del caballo sino al revés. El equino se desbarrancó cuando apareció una nueva amazona. Después de muchos rumores y denuncias de corrupción, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, removió de la jefatura del Instituto Nacional de Hipódromos (INH) a Antonio Álvarez.
Álvarez es un antiguo beisbolista profesional y cantante que recibe el apodo de “El Potro”. Su ascenso meteórico en la política y burocracia chavista fue posible gracias a su cercanía con Nicolás Maduro, capturado en Caracas el 3 de enero junto con su esposa Cilia Flores por fuerzas especiales de Estados Unidos.
Tan estrechos eran sus lazos con Maduro que no solo lo acompañaba y musicalizaba varios de sus mítines políticos, sino que en diciembre de 2025, cuando la administración de Donald Trump aumentaba sus amenazas y despliegue militar en el Caribe, lanzó una canción titulada Paz Forever, mezcla de reguetón y pop urbano que ensalzaba la imagen del líder chavista.
Bajo el ala de su mentor, también asumió los cargos de superintendente nacional de Actividades Hípicas y jefe de la Comisión Nacional de Lotería. Pero la suerte de “El Potro” trocó en desgracia cuando Delcy Rodríguez tomó las riendas de la República.
El medio digital El Pitazo publicó una serie de denuncias que acusan a Álvarez de “liderar un presunto esquema de cobros irregulares”, que llegó a “exigir hasta 2,5 millones de dólares a grupos de empresarios como un peaje obligatorio para permitirles operar legalmente en el país”.
“La trama escaló con una ola de arrestos arbitrarios. Investigaciones periodísticas revelaron que al menos siete empresarios y programadores del sector tecnológico fueron detenidos bajo órdenes directas de Álvarez, en un intento por controlar las plataformas de apuestas y sistemas de datos”, reportó la página web.
Las fuentes consultadas por El Pitazo señalan a Álvarez por supuestamente “manipular las inscripciones hípicas”, obligando a “inscribir caballos enfermos o no preparados -las llamadas ‘carreras de relleno’- solo para completar los lotes”.
La caída de “El Potro” estuvo precedida por la detención de un empresario de su confianza, que manejaba una compañía muy influyente en el hipismo venezolano por controlar 36 licencias de apuestas, “algunas registradas en paraísos fiscales”. Dicha entidad era la “encargada de transmitir, presuntamente de manera ilegal, las señales de hipódromos internacionales en más de 200 centros hípicos del país”, afirma El Pitazo.
De acuerdo con la investigación periodística, Álvarez extorsionaba a empresas del sector de las loterías para que pudieran funcionar y, además, habría dirigido una “unidad de apoyo” compuesta por funcionarios policiales para cobrar las coimas.



